martes, 13 de enero de 2015

Dualidad.


Martes, día 2 de mi enfermedad volver a casa.

Sí, estoy en Valencia de nuevo. Ya volví.

Madrid ha estado bien, ha sido demasiado. ¿Demasiado qué? Pues demasiado bueno. Demasiado para mí, ¿demasiado para lo que merezco?

No he tenido internet, no he podido escribir por eso, y la verdad, pasado un tiempo, esa adicción desaparece, es como '¿no hay internet? it's okay'. Igual con la tele, sí, compañeras, mi tele ha estado descansando en un armario y me he perdido esos apasionantes entretenimientos de corazón, telebasura y corrupciónpolítica.

Encontré trabajo. Sí, yo, la cosa esa que no servía para nada. El bar sobre el que escribí la última vez, pues el dueño tenía varios negocios, y me contrató de secretaria. Bueno, hacía a veces un par de horas de camarera en su bar, pero bueno, doble experiencia, dinero, es bien.

Encontré trabajo, gané algo de dinero (tampoco os esperéis demasiado), engordé, y me importó poco. Lo peor fue cuando los pantalones dejaron de quedarme bien y empezaron a marcarme los michelines, pero bueno, a esas alturas, ya me tocó volver a casa de mis padres.

Y aquí estoy hoy.

Y me cuesta entender cómo el ambiente ha cambiado me ha cambiado tanto. Allí, me veía capaz.
Capaz de estar sola, vivir sola, comprar sola, hacer las cosas sola, ser responsable sola, tener obligaciones y cumplirlas, destacar porque soy capaz, capaz de hacer las cosas bien.
De repente siento que no merezco nada, que debería ir arrastrándome hasta las vías del tren y quedarme allí tumbada hasta que alguno con suerte me arrolle y me mate.
Ése es el ambiente, lo que ha cambiado.

La primera noche bien, llegué a casa a las 11 de la noche, después de haber estado desde las 5 de la tarde en coche/metro/tren, así que cansada. Llegas, saludas y a la cama. Digamos que esa noche no cuenta.

Con mi madre bien, pero mi padre sigue en plan hijo de puta, ninguneándome, pasando de mí, hablándome mal, cuando no es gritándome, esperando que yo le pida perdón (por cuando él estampó mi gata bebé contra el suelo, ¿recordáis?)
Así que noche 1 = me he cortado, he llorado, me he pastilleado y he moqueado mucho.

Y aquí estoy, he vuelto.

Pronto comenzaré a escribir que he ayunado, que me he saltado comidas (omg, eso lo hice anoche también!) o que he retomado la placentera manía de meterme los dedos hasta la garganta, de moverlos como si me masturbara, y sí, soltarlo todo, sintiendo culpa y alivio.

Nota para mí misma, la última vez que lloré fue cuando ni siquiera estaba en Madrid. Osea, hablamos de Octubre. Desde Octubre no he estado mal. Ahí lo dejo.

Me he despertado con el pelo sucio y con la cara que tiene una servidora cuando se ha pasado la noche llorando. Esa cara especial mía y sólo mía, que en realidad, le importa más a gente que no tengo alrededor que a la gente que vive conmigo. Con una mesita de luz sin luz, pero con pañuelos moqueados, una botellita de agua, mi cajita con cuchillas y un bote de pastillas.

Dentro de las cosas que aprendí allí en Madrid, es que puedo resultar ser una persona normal, puedo llegar a adaptarme, en vez de ser la autista que está sola todo el día en casa, amargada, llorando y atracándose. Me he dado cuenta de que puedo ser una de esas personas que cuando se van, la gente las echa de menos. Ser de esas personas que, cuando ya no están, se nota que falta algo. ¿Esa soy yo?
Nunca me lo hubiera esperado de mí. Nunca.

Sin embargo, aquí en Valencia, aún nadie sabe que me he ido, nadie ha preguntado, nadie sabe nada.

Me cuesta entender que esas dos personas formen parte del mismo cuerpo, quién sabe, igual al tener más espacio, pueden respirar dos versiones de mí a la vez. La válida y la inútil.

Madrid, vuelve a mí o volveré yo.

Ojalá esto sea breve.



3 comentarios:

Alice Clairy dijo...

Que mal que estés así, bonita... ¿por qué volviste si te hace tan mal? Ojalá tu estadía sea corta, que puedas volver allá donde te sientes mejor.
Un abrazo grande y mucha fuerza ♥

Poppy dijo...

¿Por qué has tenido que volver? Si as hecho todo eso en Madrid, también puedes buscar trabajo en Valencia y buscarte una habitación o un pisito para ti.

Me alegra volver a leerte, saludos.

El Príncipe Destrozado dijo...

Vaya, pero si has vuelto, aunque sea a trozos. Tómatelo con calma, grita y ve donde quieras cuando quieras, que uno siempre puede elegir, aunque no lo creamos.